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6 de septiembre de 2008

Consumimos errores.

¿Cómo diantres llegó alguien a la conclusión de que esos granos de sabor desagradable podían secarse, molerse hasta hacer harina, añadirles agua y sal, meterlos en un horno y sacar un chusco de pan?

Piensa en el café, el vino y los licores, las hierbas fumables..., cosas todas ellas ordinarias que un día requirieron de una acción u omisión extraordinaria. Probablemente lo que se pretendía era, en la mayor parte de los casos, algo diferente.

Consumimos errores.
¿Habitamos en una civilización fruto del error?

Con toda certeza, sí.

25 de mayo de 2008

Retratos y desaciertos.

Encontré a un buen pintor.
Y le convencí...

Me hizo un retrato como a Dorian Grey.
Y mientras yo me entregaba a una vida corrupta,
Él sufría los estragos en mi lugar.
Hasta que se me fue de las manos:
Se rompió el cuadro y comencé a sufrirlos yo.

Ojalá no le hubiese logrado convencer...

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¿Cuánto tiempo pasa desde que haces algo hasta que te arrepientes de hacerlo?

A veces preferiría que los folios donde escribo algunas de las tonterías y sentimentalismos que últimamente se instalan en mi cabeza se inmolasen antes de que pudieras leerlos. Y, a ser posible, que no nos alcanzase la onda expansiva. Sin víctimas, sin heridos. Sin daños colaterales...

El día en que esto sea posible, estaré encantado de enseñar(te) todo cuanto escribo.

Por suerte, ya no te debo nada. Ni siquiera estas letras que ya no son para ti (por si no te habías dado cuenta. Aún.).

5 de abril de 2008

La firma invitada (III)

Continuamos esta sección con su tercera entrega. Esta vez contamos con Julio Bonis, médico de familia y librepensador.

Os dejo con su texto...

"LA PARÁBOLA DEL VENDEDOR DE FELICIDAD"

Inspirada por el Dr. Abenza, hoy traemos a portada una magnífica parábola.

La parábola habla de un señor que cada vez más cabreado discutía con una taquillera:

- "¡Qué vergüenza! ¿Es que aquí nadie me atiende?"
- "Pero mire, que yo no puedo ayudarle."
- "¿Pero como que no? Mire que yo tengo dinero... ¡que yo pago!. Y además el cliente siempre tiene la razón."... decía mientras agitaba su tarjeta de crédito.
- "Pero oiga, es que tengo mucha gente esperando, y a este paso va a empezar la película... si no le importa va despejando la cola que la gente se está impacientando y tengo mucho trabajo."
- "¿Pues sabe lo que le digo? ¡Que le voy a poner una reclamación! ¡Este cine es una vergüenza! ¡Claro, lo que pasa es que solo atienden a los inmigrantes! ¡Y yo soy español!"
- "Pues si quiere ponga la reclamación, pero me despeja la cola que vamos con retraso..."

... el señor cabreado, escribió en la hoja de reclamaciones:

"La señorita de la taquilla, después de estar esperando durante 1 hora en la cola se ha negado a venderme una botella de lejía.".

La taquillera suspiró resignada. Levantó los ojos con desidia e hizo un gesto al siguiente de la cola para que se acercara.

- "Hola buenas tardes. Vaya cola que tienen hoy por aquí ¿eh?".
- "Sí, ya ve. Tenemos fila 3 centrada y fila 20 pero lateral. ¿Cuál prefiere?."
- "No, si yo lo que quería era que me ayudara a reconciliarme con mi mujer. ¿Le doy su teléfono y le llama?"

La taquillera salió de su taquilla y se dirigió hacia el despacho del gerente de los cines. Ya no podía más. Llevaba meses luchando con enormes colas llenas de gente que hacía las peticiones más peregrinas. Botes de lejía, tomates, gente con dolor de muelas... incluso alguno le pedía que le hiciera un masaje en los pies. Los empleados habían intentado convencer al gerente de que aquel cartel en la puerta del cine donde se leía: "Tiene derecho a ser feliz. Pregunte a nuestras taquilleras." no era una buena política comercial.

Pero no había forma. La empresa se había gastado millonadas en publicidad y no podían defraudar las expectativas de los clientes.

La taquillera miró la cara del gerente, miró el botón rojo del pulsador que tenía entre sus dedos. Miró de nuevo al gerente. Miró las colas que daban la vuelta a la manzana de gente en busca de la felicidad prometida. Miró de nuevo el botón rojo. Sintió el peso de los 40 kilos de amonal que cargaba en su mochila. Miró los cordones de sus zapatos.

Entonces y sólo entonces apretó el botón.

6 de marzo de 2008

30 horas al día...

... ¡¡Y me sigue faltando tiempo!!
Perdonad que esta semana y la siguiente le preste menos atención al blog: elecciones, exámenes, demasiadas cosas y muy poco tiempo (el recurso inelástico por excelencia). Siempre falta tiempo.

Os dejo con unos versos que ya daba por perdidos.
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Entre libertad y riesgo.
O el supuesto camino recto,
también un riesgo y los hijos.

El amor te hace...
El amor desenfrenado se vuelve
vacío y funesto.
Demasiados amores
vulgarizan tanto como demasiadas copas.

Seguir siendo uno mismo mientras se ama.
No fijar residencia en nadie...
No hay que devorar al otro,
ni querer que te devore.
Es indigesto...

Rechazo todo el tiempo.
Te rechazo.
¿Quién dice que no te he deseado?

19 de febrero de 2008

El debate y la colección de cactus (2ª parte, final inesperado)

Continuación de: "El debate y la colección de cactus, 1ª parte"...

El cuerpo de J. A. C. (apodado "El poeta comisionista") fue hallado sin vida en su domicilio, después de que los vecinos alertaran a la policía, al extrañarse de llevar varias noches sin oírle volver borracho a casa, tropezando y hablando solo, con la vana intención de hacer creer a todo el mundo que había ligado.

Según el informe forense y aunque el golpe mortal fue consecuencia de clavarse un cactus --o cacto-- en la nuca al caer de espaldas, el cadáver mostraba varios moratones y fracturas, "producto de una serie de golpes que se habían ido produciendo durante varios meses", en lo que fuentes policiales han calificado de "paliza a cámara lenta".

La policía cree que el origen de estos golpes estaría en unas cartas halladas en el apartamento de J. A. C., cartas que serían parte de una pelea por correspondencia.

Las normas de este macabro juego son claras: no se permite ningún tipo de arma y hay que dar un golpe por cada carta. Las peleas se prolongan durante semanas o a veces meses y se ha constatado que las apuestas que rodean estos eventos alcanzan sumas desorbitadas, de hasta doce o quince euros.

No hay que despreciar el riesgo que suponen estas peleas: un agente leyó varias de las cartas sin tomar las debidas precauciones y terminó con tres costillas rotas, magulladuras en el rostro y, a consecuencia de los golpes en la cabeza, unas irresistibles ganas de comprarse discos de Amaral y de La oreja de Van Gogh.

De todas formas y ante la ausencia de pruebas definitivas, no se ha descartado la posibilidad de que esta pelea por correspondencia no sea más que una trifulca originada en la cola de alguna oficina de correos.

Declaraciones del oficial al mando para agencia FEFE: "Supongo que la carta más peligrosa será el Rey de Bastos"

Tras descubrir que no era el oficial al mando sino un jubilado que pasaba por allí, interrogamos al presidente de la comunidad vecinal: "Tened cuidado con esas peleas, que en EEUU está permitido pegar tiros por correspondencia. Siempre que sea en defensa propia, claro. Y desconfiad de la gente que compra sellos de 20 en 20 y tienen cara de mala leche... nunca se sabe a quién le van a enviar la paliza. Yo he decidido hacerme pasar por analfabeto y pedirle a mi vecino J. A. C. que me lea las cartas. A cambio, pago la manutención de sus "no-reconocidos" hijos y le eximo de pagar la cuota de la escalera".

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Instantes después, el presidente de la comunidad fue detenido como principal sospechoso, bajo el cargo de homicidio involuntario... sin premeditación pero con "cartesía" y "matitunidad".

Esa misma tarde, el redactor de esta noticia fue despedido por inventarse dos palabras en un mismo artículo.
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Meses después, se descubrió que el cadáver del fallecido no se correspondía con J. A. C., sino con el de un "ladrón de correspondencia" que se había colado en el piso del supuesto fallecido y había leído todas sus cartas, desembocando tales hechos en su brutal muerte, que según el forense argentino se debía a una "paliza por correspondencia".

Al pasar las Elecciones, los servicios judiciales volvieron a trabajar y se vio que el forense y el redactor eran la misma persona, y que el ladrón de correspondencia era en realidad su suegra (travestida de hombre), por lo que fue acusado de homicidio con premeditación y alevosía.

El presidente de la comunidad fue absuelto de todo cargo.
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A día de hoy, se desconoce el auténtico paradero de J. A. C.
Amigos y compañeros dicen no haberlo visto en meses por la biblioteca, y en la copistería "Galería" dicen qeu hace tiempo qeu liquidó su cuota de comisionista y no ha vuelto a aparecer por allí. Actualmente, su familia se encuentra en algún recóndito y paradisíaco lugar de Rep. Dolminicana, perseguida por tráfico de órganos, con el agravante de haber vendido "un hígado prácticamente cirrótico y unos pulmones negros cono el carbón", según palabras de la cabra a la que se le trasplantaron. Se sospecha que ambos órganos pudieran pertenecer al desaparecido.

Fuentes cercanas a la familia atestiguan que J. A. C. es en realidad el Dr. Abenza, anterior propietario del blog "El Diván del Dr. Abenza". Señalan, además, que el susodicho puede haber sido devorado por un "Mycobacterium Kansasi" y que todos sus textos son en realidad escritos por la camada de monos redactores qeu mantenían a flote el blog anteriormente citado.

Sea como fuere, J. A. C. tiene un examen de Infecciosas el jueves a las 5 de la tarde. La prensa estará allí para dar seguimiento de la asistencia (o no) del susodicho.

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Fuente: La decadencia del ingenio
Una adaptación del texto de Jaime Rubio

16 de febrero de 2008

El debate y la coleción de cactus (1ª parte)

Me parece indignante que los candidatos a la presidencia vayan a debatir sólo por televisión. ¿Qué hay de Internet? ¿Para cuándo un debate por Messenger o similar? Con emoticonos incluidos...

Y aun así eso es injusto ("o sea, injustísimo que te cagas, Mari Pili"), porque hay gente que no tiene Internet. Exijo debates por teléfono. Y para quienes no tengan teléfono, uno o dos debates por correspondencia. Un animado y jugoso cruce de cartas entre estos dos líderes de ideas tan opuestas. Uno de ellos apuesta por la economía de mercado mientras que el otro está por la economía de mercado.
El carácter informal de "estar por" tiene implicaciones políticas fundamentales que a mí en este momento se me escapan porque estoy algo cansado.

Una vez me peleé a puñetazos por correspondencia. He de reconocer que perdí. No esquivé a tiempo un directo de derecha, perdí el equilibrio y caí sobre mi colección de cactus. Cuando digo colección de cactus, me refiero a mi cactus. Uno. El singular también acaba en -s, cosa que es, como mínimo, irritante.

Digo que es una colección porque justo acababa de comenzarla. Ahora ya tengo uno. Supongo que tendría que explicar que en este periodo de tiempo transcurrido entre que tenía un cactus y ahora que tengo un cactus, me he dedicado a la compra-venta de cactus. De un cactus. Maldito singular acabado en -s. ¿No hay nadie que diga cacto, que también es correcto? No quiero ser el único que vaya por ahí diciendo cacto. Me sentiría marginado y solitario.

Además, dado el escasamente extendido uso del término, me vería obligado a ir dando explicaciones del tipo: "No, verás, es que cacto es tan correcto como cactus". De hecho, es más correcto, dado que el final en -o es más habitual en español que el final en -us... Aunque también es verdad que decimos pus y no po, autobús y no autobó, repelús y no repeló. Pero imagino que todo esto tendrá una explicación perfectamente razonable. Y si no la tiene, será por algo también perfectamente razonable.

Y para quienes no tengan casa, un debate a gritos por las calles. Los ciudadanos han de estar informados acerca de dos de las opciones que tienen. Lo contrario sería injusto para cualquiera de esas dos opciones. Es muy duro ser opción. Siempre tienes alternativa y a veces te dejan de lado. Y triste. Duro y triste. Aunque al menos sales por la tele. Y, con suerte, también por Internet, por teléfono, por carta y por las calles.

Ah, qué tiempos, cuando me soltaban la camisa de fuerza y me dejaban salir a la calle a jugar. Pero luego cerraron la timba de póquer del parque, decían que era un juego de dudosa legalidad, un juego "irregular"...

Póquer es más o menos como cacto, ¿no?

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Fuente:
La decadencia del ingenio
Un ingenioso y desternillante texto de Jaime Rubio

14 de febrero de 2008

Lo confieso

Confieso que he pecado,
lo confieso.

He pensado en las criaturas de este mundo
y no he llorado por ellas:
están solas en esta vida.

He visto llorar a las aves en el cielo
al morir clavadas en iglesias.
He visto a gente sin nada más que su miseria.
Cuerpos sin carne que no pueden respirar.

Y sin embargo soy tan egoísta...

He querido y deseado a una mujer
sin que ella lo supiera…
Sin que ninguna de ellas dos lo supiera.

La locura me obliga a odiar,
a desterrar todo lo que huele a amor.
He sembrado de pena una cama de hostal.
He infectado de dolor la piel de otra persona.

Todos mis males se desatan
como si Pandora me eligiese.
Me usase. Me aborreciese.

Y aún, a veces, solamente pienso en esa mujer,
en amarla y que me ame.
Sin pasado. Sin recuerdos.
Soy muy egoísta
(mi condena es la compasión...)

Confieso que he pecado.
Lo confieso.

("Lo Confieso", de la obra "El atardecer de los besos y otras palabras muertas", J. Abenza, 2007. -En proceso de edición-.)

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- Para los que aman a su pareja todos los días del año: Feliz Día de San Valentín. No hacen falta rosas ni chocolates. Un beso, una mirada, un gesto... los pequeños detalles no se pueden pagar con todo el oro del mundo. Gracias por existir.

- Para los que sólo se acuerdan de los detalles en este día: sois unos completos idiotas que, a parte de consumistas redomados, os tenéis bien merecido que vuestra pareja os mande a la mierda por insensibles y poco detallistas. Luego no os quejéis si, de pronto, notáis que tenéis que agacharos para pasar una puerta. Eso es la cornamenta, amigo mío. Aprende a llevarla con resignación, es tu justa recompensa por tu forma de tratar a tu pareja.

- Para esos "machotes" que hoy le han regalado cualquier cosa a su pareja y el resto del año se han atrevido a agredirlas, como quiera que haya sido esa agresión: ojalá os peguen un tiro cuando salgáis a la calle, hijos de puta. Si no respetáis a la persona con la que vivís, mejor la dejáis tranquila y os vais bien lejos. No valéis ni para alimento de gusanos. Tal vez algún día se os haga tarde... sí, eso espero.

Besicos para tod@s.

6 de febrero de 2008

Cambio de aires...

Cambiaron las sillas y nos pusieron unos taburetes...

Luego trajeron los escritorios nuevos: unas mesas demasiado altas y demasiado estrechas....

También quitaron los fluorescentes de toda la vida y nos pusieron unas lámparas de diseño diminutas en las paredes, a metros de donde estábamos. No se veía nada...

Después de unas cuantas borracheras, nos dimos cuenta de que el dueño había vendido la biblioteca y el comprador había montado un bar...

Lo peor era que cobraba entrada y no nos hacía descuento...

Tardé casi un año en encontrar otra biblioteca donde se pudiera estudiar, más o menos...

Para entonces ya tenía el hígado destrozado...

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Fuente:
La decadencia del ingenio
Una adaptación del texto de Jaime Rubio

5 de febrero de 2008

"Asesor" sexual

Hace unos días, un prestigioso medio de comunicación (creo que se llama MásQueCoches) me ofreció un empleo como experto en sexo. Básicamente consistía en responder a las preguntas que los lectores plantearan en torno a este siempre divertido pero también espinoso tema.

La propuesta me hacía gracia, pero tuve que rechazarla. Me estuve documentando sobre el asunto y me llevé más de una sorpresa no demasiado agradable al respecto. De hecho, y salvo nuevo error, creo que durante gran parte de mi vida confundí el sexo con la cocina. Todavía no lo tengo muy claro, pero, vamos, creo que lo de los arroces, la carne al horno y el pescado a la parrilla es la cocina... y lo otro es el sexo.

Es gracioso porque yo siempre había dicho que me encantaba el sexo y que me pasaba el día practicándolo: por la mañana, a mediodía, por la noche, solo, con mi pareja, en grupo. Y resulta que me refería a otra cosa. Claro, no entendía todo el alboroto cuando decía según qué cosas, en plan, ¿en serio nunca has practicado el sexo con un par de amigos? Da igual, si son chicos o chicas, lo importante es que haya buen rollo y coordinación. Claro. De ahí todas esas miradas que iban del asco a la admiración más ridícula.

Qué despiste, si es que yo también...

Y aún no sé yo si eso del sexo es lo mío.
He leído un par de libros y... Buf... No sé, no me parece muy higiénico. Quiero decir, todo el rollo ese de la grasa, los calentones, los tubos y la lubricación... Qué agobio. No sé cómo le puede gustar tanto a todo el mundo. Me pasaría el rato deseando irme a la ducha. Igual no estoy preparado. A ver, tengo el permiso de conducir, como todo el mundo. Pero ¿qué se yo de sexo? Poca, poquita cosa. A ver, lo he practicado, claro que sí. Pero yo, particularmente, prefiero dejarme llevar.

Y si no hay nada de sexo, pues me da igual, puedo ir... no sé... en metro o en autobús. Sobre todo con lo cara que está la gasolina. No sale rentable. Lo único bueno del sexo es la independencia, el no tener que estar pendiente de horarios. Pero por lo demás... Todo son gastos tontos. Que si la revisión, que si los impuestos, que si las averías, que si el seguro, que si el túnel de lavado... Una ruina.

Pues eso. Que les tuve que decir que "gracias, pero no, muchas gracias".

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Fuente: La decadencia del ingenio
Una exquisita obra de Jaime Rubio

3 de febrero de 2008

Amores que matan (o que, al menos, duelen)

Ya sabéis que a mí no me gusta alardear. En absoluto. Pero, bueno, en fin, aquí donde (no) me veis --al menos, espero que no me veáis--, yo estuve saliendo una temporada con Carla Bruni.
Sí, ya sé que no os extraña, dada mi (reconozco que merecida) reputación de Don Juan, famoso por mis conquistas --no todas imaginarias-- de mujeres hermosas que poco/nada "pegan" con mi poco/nada agraciado físico (sólo se salvan mis ojos). Mucha gente me ha pedido (incluso, por favor) que les diga mi secreto. Algún día os lo diré. Pero tendría qeu mataros... y ahora mismo estoy muy ocupado. En fin, que divago y me pierdo.

Como decía, Carla y yo nos conocimos en un concierto. Actuaba con mi banda de jazz en París y me esperó para saludarme y darme dos besos y esas cosas que hacen las fans. No me gusta pecar de vanidoso, pero me pasa continuamente. Normal, soy un virtuoso del triángulo. Soy el único triangulista que domina tanto el equilátero como el isósceles, así como el más complejo, pero también más adecuado para mis composiciones, el escaleno.

Soy capaz de arrancar las más intensas emociones de ese (en ocasiones menospreciado) instrumento. La gente llora al oírme tocar. Los perros se arrojan ventana abajo. Los gatos se arañan los ojos. Los hospitales psiquiátricos se llenan de víctimas de ataques de ansiedad. Y eso cuando toco melodías alegres. La última vez que me dio por ponerme melancólico, Iraq invadió Kuwait.

Mi relación con Carla fue larga y tormentosa. Compartimos más de cuatro años de nuestras vidas y, la verdad, no recuerdo un solo día que estuviéramos juntos y no discutiéramos. En realidad, en esos cuatro años sólo nos vimos un día y ella se empeñó en que no me conocía de nada.

Ah, Carla sabía cómo herirme. Podía ser muy cruel... ¡¡decía cada cosa!! De esas que con sólo recordarlas le hacen a uno llorar de dolor y de rabia. "No te conozco". "Voy a llamar a la policía". "No me toques". "Tengo un spray de pimienta y sé cómo usarlo". "Te lo advierto, voy a usarlo si no te largas". "¿Lo ves? ¿Lo ves? Te dije que sabía usarlo, ahora grita todo lo que quieras".

Sí, amig@s, el amor duele. Duele mucho. Y pica. Sobre todo en los ojos. Creía que me iba a quedar ciego. Es curioso porque pensaba que, a esas alturas y después de unos cuantos malentendidos que acabaron de forma similar, ya estaría más o menos acostumbrado al maldito spray de pimienta, pero qué va. Qué va...

Os dejo, que he quedado con Leonor Watling. Que nadie se preocupe: no salgo de casa sin mis gafas de submarinismo. Por si acaso.

28 de enero de 2008

Ossarium

Tendría que acostumbrarme a la costumbre,
aquella que obliga y se disfraza de reposo.
Tendría que enmudecer mis ideas.

Tendría que declarar desierta mi voluntad,
tendría que bajar los brazos, atar sus manos.
Tendría que retroceder hasta mis otros pasos.

Pero mi voluntad y mi palabra son una.
No embauco ni vendo respuestas falsas,
No entrego lo que es fiel a mí.
No renuncio a siglos de buenas intenciones.

No renuncio a ser...