6 de febrero de 2008

Cambio de aires...

Cambiaron las sillas y nos pusieron unos taburetes...

Luego trajeron los escritorios nuevos: unas mesas demasiado altas y demasiado estrechas....

También quitaron los fluorescentes de toda la vida y nos pusieron unas lámparas de diseño diminutas en las paredes, a metros de donde estábamos. No se veía nada...

Después de unas cuantas borracheras, nos dimos cuenta de que el dueño había vendido la biblioteca y el comprador había montado un bar...

Lo peor era que cobraba entrada y no nos hacía descuento...

Tardé casi un año en encontrar otra biblioteca donde se pudiera estudiar, más o menos...

Para entonces ya tenía el hígado destrozado...

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Fuente:
La decadencia del ingenio
Una adaptación del texto de Jaime Rubio

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