16 de agosto de 2010

Movimientos migratorios

Segunda quincena de agosto. Desplazamientos para todos los gustos. Compañeros que se van de vacaciones: Nardi, Cuqui, Ginés, Pepe Marcos. Compañeros que vuelven: Juanjo, Isa, Pedro, Luis. Compañeros que aún no se han ido: Mario, Roge, Dana, Eva. La compañera Susana, que nos deja un poco huérfanos (a nosotros y a sus pacientes) por un tiempo, esperemos no muy largo, por motivos de salud.

Consulta 17 , con mi tutor. Y la 18, con permiso de Elisa, que sigue muy de cerca la evolución de Rafael. Y la 26, sin pedir permiso, que Juana no está. Entran, salen, gente que va y viene. Pacientes que acuden a revisión después de 3 años. Pacientes que no acuden a la cita con su médico porque han estado enfermos (qué paradoja). Pacientes -grandes dependientes- de otros compañeros que "se te enganchan" durante las guardias y te dicen que su médico no va nunca a verlos ("dígale usted algo, doctor"). Personas de todo tipo. La vida -lo humano y lo divino; lo racional y lo místico- en todo su esplendor ante la mesa de la consulta. En el box de urgencias. En los domicilios. En la calle.

Desplazamientos por tierra, mar y aire. Se van sanos y vuelven enfermos; y viceversa. Musulmanes que enferman en pleno Ramadán y no quieren tomar la medicación cuando les toca, aunque estén rabiando de dolor. Veraneantes que se desplazan desde su lugar de descanso porque se fían más de su médico de cabecera que de los del centro de salud de la playa. Pacientes que no se van de vacaciones por un dolor mínimo. Qué subjetivo es esto del dolor. Yo estuve toda la noche y parte de la madrugada del viernes al sábado achicando agua de mi casa, inundada tras la lluvia y la granizada que destrozó gran parte del pueblo, y al día siguiente, sábado, totalmente destrozado, reventado y dolorido, una guardia de 24 horas en Urgencias.

Y a todo esto, sólo dos residentes (un R1 -c'est moi- y un R2) para atender toda la demanda de la puerta de Urgencias del hospital entre las 1.30 y las 5.15h de la madrugada. Bastantes casos complicados, ingresos en "camas", pases de guardia a mi compañera R1 (Pepi, también compañera durante la carrera). Desligarse en 20 minutos de 13 historias clínicas con sus 13 historias vitales de por medio.

A través del Facebook, Begoña García Retegui, que además de excelente persona y buena política es médico de familia, me dice que "la residencia curte y da esplendor". Será verdad, no lo dudo, pero creo que dos residentes -insisto: sólo dos residentes de Familia- son demasiado poco personal para sacar adelante tanta presión asistencial. No recuerdo quién dijo, creo que fue Gavilán, que "las guardias de Urgencias son el peaje a pagar por la formación del residente de Familia". Más razón que un santo.

3 comentarios:

Ter0n dijo...

Termina el periodo de las presentaciones iniciales y toca la cruda realidad: empiezan las vacaciones de la plantilla habitual y somos los residentes quienes llevamos el hospital. No sólo toca la clásica avalancha de pacientes que no saben de la existencia de un centro de salud abierto cerca de su casa (donde les atienden más rápido y mejor si la cosa es leve). También empiezan los marrones de los típicos pacientes graves con múltiples comorbilidades. Y porque un residente haya visto una patología determinada no significa que el resto tenga que conocerla.

Al menos, en mi caso tengo suerte de no tener fama de nada en Urgencias, que es lo mejor. Nunca se debe destacar en ese servicio, ni por malo ni por bueno.

PS: Agrégame al Facebook ;-)

academico dijo...

Mucho ánimo. Pos desgracia todos tenemos que pasar por ahí! xDD

Y bueno, espero que no se te haya inundao mucho tu casa...

J.Abenza dijo...

@Terón: Aquí hay que ser uno más. En cuanto levantas la cabeza estás perdido. Disfruta del parón bloguero.

@Académico: Aprieta, que en seguida estarás tú también en el ajo :D