30 de noviembre de 2012

"Cualquier mujer sabe que la ven mejor en el hospital que en el centro de salud o en la UGA"

(El título del post es quisquilloso a más no poder pero...)
Si ayer nos desayunábamos con pésimas noticias socioeconómicas (a la que hemos de sumar el cierre del muy querido y venerable blog "Salud y otras cosas de comer"), hoy llama la atención esta noticia del Diario La Verdad:



Del que destaco este párrafo: «Aunque en la cartera de servicios del Hospital Lorenzo Guirao -precisó Alarcón- hay ya un embrión de atención ginecológica, creemos que, atendiendo a las estadísticas con las que estamos contando en la fase de estudio, es una línea que hay que ampliar y consolidar en Cieza implantando en su hospital la prestación de una atención completa a la mujer que se ocupe, entre otros objetivos, de aspectos como la prevención del cáncer en el colectivo femenino o la asistencia pre y postmenopáusica. En definitiva, toda la patología referida a la mujer».

Increíble (cuanto menos) que haya dinero para crear una unidad "nueva" mientras que el personal sanitario y los proveedores están sufriendo recortes y demoras en los pagos, las listas de espera de algunas especialidades rondan el año y aún no hay certeza de que la CARM pueda hacer frente al importante desembolso que supondrá la devolución del exceso de aportación en el repago farmacéutico de los pensionistas murcianos.

Pero el quid de la cuestión estriba en la visión hospitalocentrista y pornoprevencionista de un Gerente que viene de trabajar en Atención Primaria. ¿En qué va a mejorar esta medida la salud de las mujeres? (supongo que es el propósito inicial de la medida). Y en esa línea:

¿Se harán menos o más mamografías de screening a mujeres de menos de 45 (o más de 75-80) años; más o menos densitometrías "de rutina" y/o "por si acaso; más o menos "citologías anuales" a mujeres con varios exámenes previos normales y sin factores de riesgo, o a mujeres añosas con alto riesgo quirúrgico que no serán candidatas a cirugía; más o menos analíticas "porque con la menopausia el colesterol hay que mirarlo cada año"; más o menos prescripciones de calcio "para preparar los huesos para la menopausia"; más o menos prescripciones de raloxifeno (y sus primos) para las osteopenias; más o menos complejos vitamínicos y megadosis de fólico para las gestantes? En definitiva: ¿mejorarán a utilización racional del medicamento y la comprensión del malestar de la mujer más allá de los síntomas concretos en las distintas etapas de su vida, o se medicalizarán y medicamentalizarán la inmensa mayoría de síntomas para satisfacer la demanda y mantener la oferta? ¿Economía sanitaria de mercado o economía sanitaria salubrista?

Aunque también se podría haber expresado el párrafo anterior como "¿se ajustarán los clínicos a las guías de práctica clínica?", aunque sea meter un poco el dedo en la llaga.

Siendo demasiado bien-pensado y suponiendo que se trabaje de acuerdo a la evidencia científica y a los intereses de salud de la población femenina (y no de casos o perfiles concretos de mujeres, con sus intereses personales o de grupo-"modulables" cuantitativa y cualitativamente- por los lobbys de presión habituales), si todo eso se hace bien, digo, ¿en qué se queda la labor del médico de familia para con la mujer en las etapas y fenómenos delicados de su vida afectiva, repdroductiva y sexual (menarquia, embarazo, planificación familiar, peri/menopausia, screening de cáncer, prevención y tratamiento de ETS, etc)?

Entre unos pocos están decidiendo qué vamos a ser los médicos de Familia para las mujeres de esa zona: médicos SÓLO de aquellas que "escapan" o que incluso "no entran" en el  circuito burocrático sanitario, y expendedores de volantes de interconsulta al hospital para el resto.

Que no digo que no sea lo nuestro -ni que esté mal- el intentar poner "parches" desde Atención Primaria a las desigualdades en cuanto al acceso y el uso de los recursos sociosanitarios de nuestra comunidad (no sólo sanitarios, también habría que mapear los activos salutogénicos) pero a los que nos gusta trabajar y atender a las mujeres como un todo, y como elemento importante del núcleo familiar, SE NOS ENAJENA esa competencia. Ese derecho del Médico de Familia para ver a "sus mujeres" de forma integral y longitudinal, y no de derivación en derivación.

Por tanto, he de concluir que esta medida no sólo supondrá un mayor gasto sanitario sino que muy probablemente no revertirá en una mejor salud femenina sino en más medicalización de la atención a la mujer, más atención hospitalaria, menos Atención Primaria y menos sentido común.