Mostrando entradas con la etiqueta docencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta docencia. Mostrar todas las entradas

17 de febrero de 2014

Abordaje de la anemia: a propósito de un caso.


Después de tanto tiempo me supone un esfuerzo enorme enfrentarme a la pantalla en blanco, pero me cuesta aún más encontrar un motivo concreto por el que dejé de escribir en este blog. Experiencias vitales (disgustos, contratiempos), trabajos de investigación, revisiones bibliográficas, participación en movimientos sociales, buscar-diseñar una metodología de participación activa, intersectorial y multidisciplinaria para abordar-gestionar ciertos problemas y condicionantes de la salud y, actualmente, el proyecto de AMF 100; excusas varias, entre otras muchas –jamás creí que el último año de la residencia diese para tanto-, que me han “robado” tiempo libre y me han mantenido alejado del blog. De hecho, será esta la primera vez que mi portafolio de residente no se escriba solo (sic), acostumbrado hasta ahora a volcar su contenido –lo publicado y los borradores- en un documento de texto, maquetarlo y presentarlo en la unidad docente como “memorias del residente”. No sé qué pensaréis vosotros, pero me parece que se ha fomentado muy poco entre los residentes y los docentes MIR esta propicia herramienta para la reflexión y la comunicación, eso sí, cada vez menos 2.0 y cada vez más unidireccional, más corporativa, más “escaparate” que bitácora y con una tendencia preocupante a obviar los intereses espurios, algunos conflictos de interés y las consecuencias que lo que uno escribe puede tener para con terceras personas con menor capacidad para acceder a recursos de calidad y contrastar fuentes. Nada nuevo bajo el sol.

Entonces, ¿por qué o para qué mantener el blog? O mejor expresado: ¿de qué sirve, cuál es el propósito o la utilidad de mantener activo un blog hoy día siendo residente (MIR) de Familia crítico con el contexto reflejado en las líneas anteriores? Se me ocurren varias respuestas y, ponderándolas, me decantaría por el hecho innegable de que hay situaciones, vivencias, encuentros e incidentes dignos de una reflexión y un análisis sosegado, estructurado y holístico que, por desgracia, no cabe en la agenda, en la rutina y en el ritmo diario del contexto asistencial habitual. Podría enumerar (seguro que tú también) cientos de ejemplos reales, del día a día. No hay jornada en la consulta que, pese a la complicada agenda, no me plantee dilemas éticos, morales, políticos, legales y sociales ligados a la mirada, el contacto, la escucha -y la participación más o menos activa en la orientación (a veces, incluso, resolución)- de los variopintos motivos de consulta de los pacientes de mi cupo, de los pacientes en urgencias o de las personas que viven en la comunidad y en el barrio donde, por suerte, hasta la fecha, trabajo (ya veremos qué ocurre a partir de mayo…).

Dicen que los “comunitarios” o estamos locos o lo parecemos, porque pretendemos abarcar la realidad que nos rodea y practicar un enfoque obligatoriamente alejado de lo meramente biológico para poder realizar un “enfoque macro”, no sólo biopsicosocial; una foto de conjunto, un diagnóstico comunitario y un plan “terapéutico” en el que el médico/el técnico es sólo un agente más, un recurso salutogénico de/en la comunidad. Algo que no siempre conseguimos y que, en ocasiones, incluso, contradecimos o contrariamos, por mucho que nos lo creamos. Porque la cabra tira al monte, siempre, y el contexto asistencial es el que es y en época de desincentivación, desmotivación y descapitalización, la resistencia y la oposición vencen a la resiliencia y la negociación; en otras palabras: es más difícil “cambiarle la lente a la cámara”. Todo esto lo sabemos y lo asumimos, pero no es excusa para permancer pasivos: quedarse quieto o callarse supone la aceptación de las reglas de juego que nos imponen y, como buenos distópicos que somos, no nos interesa esta realidad y estamos dispuestos a participar en el cambio.

Sirva de paradigma una simple sesión clínica. El problema de una de mis pacientes, Pascuala: inmovilizada desde la infancia que no ha precisado contacto con los médicos más que de forma puntual, cuidada siempre por sus hermanas también delicadas de salud, a la que con más de ochenta años y con una situación basal progresivamente mermada se le detecta una anemia con probable origen en pérdidas digestivas, quién sabe si una angiodisplasia, una lesión por el consumo de cierto medicamento o una neoplasia digestiva. Un caso clínico de anemia, clásico, de toda la vida, con enfoque biologicista, que con esfuerzo y fines didácticos (para todo el equipo, pero sobre todo para mi mismo) se podía orientar de otro modo más docente para un Médico de las Familias y la Comunidad. Así, lo que a priori podía ser un problema de salud de Pascuala se convirtió en un problema de toda su familia, de su cuidadora, de su enfermera, de sus médicos (mi tutor y yo) y del equipo asistencial, a los que en un momento dado se les hace conocedores y partícipes del caso, se les pregunta qué actuaciones habrían realizado y se les invita a la reflexión personal y en común sobre cómo lo biopsicosocial a veces sirve como primera lente de enfoque para intentar analizar cómo determinados factores individuales y colectivos influyen en la forma de percibir la salud/enfermedad, y las repercusiones que los distintos procesos morbosos (de causa orgánica o socioeconómicos) pueden tener sobre una persona y su familia, tanto a nivel individual como sistémico. Pero, como ya se ha dicho, en ocasiones hay que ampliar el enfoque para poder ver (y mirar) cómo los recursos de la comunidad y los condicionantes en salud influyen en la pérdida o en la adquisición de hábitos saludables, en la forma en que los individuos se relacionan entre sí y con su entorno, y en la repercusión que determinadas actuaciones más o menos coordinadas y más o menos participativas pueden tener sobre las personas que cohabitan un espacio físico, un territorio geográfico, una tela de araña social.

Pascuala, como todos nosotros, estaba en su particular tela de araña. Si analizamos sólo el punto espacial y temporal en que se encuentra, obviamos el resto de puntos y filamentos que componen esta dinámica red de sostén.

¿Supone esto que lo biológico debe ocupar un segundo plano en nuestra práctica asistencial, docente e investigadora como Médicos de Familia? Tal vez no. El abordaje diagnóstico-terapéutico de la anemia de Pascuala es “A-B-C”, o si se prefiere, “sota, caballo y rey”: su analítica, su sangre oculta en heces y, llegado el caso, su ecografía o su endoscopia (en algunos sitios incluso cápsula endoscópica con videograbación). Esto está escrito y al alcance de cualquiera en internet o en los libros habituales. No hay excusa para no ser un buen clínico y además es nuestra obligación. Pero esa no es la cuestión. Por poner un ejemplo de sobra conocido, las guías de práctica clínica (GPC) orientadas a la enfermedad no explican ni terminan de abordar la complejidad del paciente pluripatológico y polimedicado, la mayoría de veces ni siquiera se cuenta con representantes o asociaciones de pacientes y todo se reduce a reclutar a un grupo de expertos que conforman los paneles y grupos de trabajo que posteriormente dan lugar a las recomendaciones de las guías. Lo que quiero decir es que el enfoque meramente biológico es muy limitado, reduccionista y excluyente, de manera que muchas situaciones o particularidades que en principio parecieran ser “la excepción a la regla” de las GPC se convierten en la “la regla” y las GPC no sirven. Ahí es cuando entra en juego “lo demás”, lo que no es biológico.

En el caso de Pascuala surgen distintas preguntas o puntos para reflexionar más allá de lo científico-técnico (morbimortalidad del proceso diagnóstico-terapéutico, opciones de tratamiento sintomático y/o etiológico, riesgos posibles y probables en caso de "no buscar lo que no quieres encontrar", determinar con la familia el nivel de adecuación del esfuerzo terapéutico, etc)
  
     - Pascuala como inmovilizada atípica, de toda la vida, atendida por su familia y sin que esta circunstancia haya supuesto una demanda activa de cuidados al equipo asistencial o una crisis aguda en núcleo familiar (aunque por supuesto que ha influido en el estado de salud de estas personas), debido a décadas de adaptación forzosa y reorganización y reparto de roles en esa familia, con un genograma típico de los pueblos y lamentablemente en vías de extinción.
  
     - Pascuala como discapacitada, gran dependiente, “anciana frágil” e incapacitada legalmente, con notables dificultades a la hora de comunicarnos directamente con ella y debiendo tomar decisiones coparticipadas con sus representantes legales a la hora de escoger entre distintas opciones diagnóstico-terapéuticas de distinto grado de complejidad y con consecuencias, en ocasiones, potencialmente graves; que, a su vez, nos arrastran a escenarios o situaciones no del todo comprensibles o asumibles por la familia con cierto grado de certeza, tranquilidad y sensación de haber hecho lo correcto.

     - También es interesante revisar la historia clínica de los familiares y darse cuenta de que la colección de motivos de consulta aparentemente biológicos u orgánicos de estas personas son, en muchas ocasiones, agrupables en un par de códigos Z: consecuencia del desgaste como cuidadores; de la ansiedad y la frustración por ser observadores impotentes del deterioro de esa persona que para una hermana en concreto, tras quedar viuda, es ahora el sentido de su vida, su ocupación vital, sin saber qué pasará y en qué invertirá su tiempo y su vida cuando Pascuala falte; de cómo los conflictos que no se habían verbalizado ni abordado, se han ido macerando y suponen una merma en la relación entre maridos y esposas; de cómo una cuidadora “temporal” asume un rol paternalista y se erige como eje vertebrador de una familia, en ocasiones anulando a algunos de los miembros; de cómo una cuidadora "formal" y asalariada depende económicamente de que Pascuala salga delante; de cómo las personas no pueden disfrutar de un ocio saludable y unos espacios de recreo, de cultura y de socialización porque su barrio se ha ido deteriorando con el paso del tiempo y ello les supone tener que desplazarse, cosa que no hacen por diversos motivos, incluidos sus problemas de salud…

En definitiva, Pascuala en la tela de araña. A propósito de una simple anemia.

Esta sesión que podría considerarse atípica no debería serlo tanto si tenemos en cuenta que somos o aspiramos a ser especialistas en los distintos aspectos que se han mencionado, y que esta capacidad de análisis y de integración de los datos biológicos, los datos “blandos” y el contexto -pero sobre todo intentar su verdadera y sistemática aplicación en nuestro quehacer cotidiano- debería suponer uno de los hechos realmente diferenciales de nuestra especialidad respecto a otras especialidades médicas. Máxime cuando otros aspectos que antaño supusieron una clara barrera entre AP y AE y un obstáculo para la capacidad de resolución de los médicos de cabecera (la adquisición de determinadas habilidades científico-técnicas, el acceso a pruebas complementarias y la prescripción de ciertos productos sanitarios) se encuentran sustancialmente resueltos en muchos lugares, aunque de forma desigual y en ocasiones irracional. Por tanto, no es que seamos médicos que critiquen o carezcan de estas habilidades y de estas tecnologías, al revés, somos médicos que, por trabajar en el contexto y el escenario en que trabajamos, tenemos la oportunidad de mezclar todos los ingredientes de la receta para formar una pasta, una amalgama que les da solidez y congruencia a los relatos y a los procesos.

Es posible que el ajetreo diario, la burocracia, la presión asistencial, la pérdida más o menos merecida de influencia, consideración o relevancia social y las constantes agresiones y la discriminación evidente hacia nuestra especialidad, tanto en recursos humano como presupuestariamente, en resumen: que la profunda y multifactorial crisis en que se haya inmersa nuestra especialidad y, por extensión, la Atención Primaria, pueda desmotivar a los que ya llevan un tiempo padeciéndola en sus carnes. Pero los que empezamos ahora, como se suele decir al acabar una guardia, los que vienen “limpios y huelen bien”, y no a humo ni a quemado o cansado; a los jóvenes médicos, decía, se nos presupone una fuerza, un empuje, una capacidad crítica para analizar el sistema, generar ideas y liderar proyectos. Y somos muchos los que no nos conformamos con un modelo de formación MIR en MFYC donde sólo se valora lo tangible, lo [con]mensurable, lo rigurosamente objetivo y, por tanto, un modelo donde lo biológico y lo técnico priman sobre otras habilidades y otros niveles de análisis. Y para combatir esto sirve o puede servir un blog. Por lo menos a mi me sirve. Espero que saquéis algo en claro.

Mucho ánimo a los que estéis pensando en elegir esta especialidad, sobre todo a los que estáis dudando. Que nadie, por muy relevante que sea, por muy experto que se considere y por muy negro que os pinten el cielo; que nadie os quite la ilusión de formar parte de esta aventura.

______________

PS: Esta entrada va dedicada a Vicenta, la hermana de Pascuala y su principal cuidadora, que murió de forma inesperada la semana pasada mientas ambas se encontraban ingresadas en el hospital. Gracias por abrirme las puertas y las ventanas de vuestra casa. DEP. 

26 de junio de 2010

E-learning

Publicación programada el viernes para el sábado.

Ayer terminamos el ciclo de cursos sobre patología de alta prevalencia, o eso creo, aunque nos centramos sobre todo en riesgo cardiovasular y más concretamente en diabetes y HTA. El balance del curso es positivo (ha sido útil) pero eché de menos algo sobre EPOC, Asma, patología neurológica (estos tres temas estaban inicialmente incluidos en el planning del curso) y, muy especialmente, algo de anamnesis orientada por problemas. Que es básicamente lo que más cerca me pilla -está entre mis prioridades formativas a corto plazo- y lo que más tengo que 'refrescar' y estudiar esta semana próxima para ir programándome pacientes en la consulta.

Durante esta semana me he dado cuenta de tres cosas.
La primera, que los 4 residentes de Molina somos muy cañeros. Y no lo digo yo, lo dicen los adjuntos. Mientras otros compañeros aceptan y racionalizan una relación de co-dependencia con la industria químico-farmacéutica y muestran una confianza moderada en la capacidad de ésta a la hora de aportarnos recursos docentes, nosotros cuatro somos bastante más críticos que la media y ponemos en tela de juicio hasta la última coma de los estudios que nos presentan, por no hablar de nuestra visión de la relación que un médico debe tener para con dicha industria. Para muestra, un par de botones: 3 de los 4 no hemos asistido al curso de la UCAM (ni a la cena de fin de congreso) y el único que ha asistido fue para "hacer gasto por los cuatro" y a socializar con los demás co-erres; y, por otro lado, no hay sesión clínica en la que no preguntemos todo lo habido y por haber, siempre estamos pendientes de que el nivel de evidencia que reportan las fuentes usadas en las sesiones docentes sea la más alta posible, y que estas fuentes no estén "manchadas" con intereses espurios. Llamadnos obsesivos pero no comulgamos con ruedas de molino, en absoluto, y "miramos mal" a quien lo hace. Aclaro: esto no es una defensa del (pros)elitismo, no, es un reproche, un apunte que me hago a mi mismo. En ese sentido, puedo decir con la boca grande que el jueves disfruté como un crío chico con la charla sobre el uso racional de los medicamentos y con las minipíldoras de sabiduría que Pepe Martínez iba sembrando. En más de uno arraigarán, la pena es que habrá quien las ignore y en lugar de regarlas, las olvide: por supuesto, en detrimento de la calidad asistencial y de la gestión eficiente y costo-oportuna de nuestro sistema sanitario y sus recursos (que los pagamos todos).

La segunda percepción ha sido que nos dan muchos cursos teóricos pero muy pocos tienen un taller o una sección de habilidades prácticas. Esto ya pasaba en la Facultad y me enfadaba mucho porque tenía que hacer prácticas extra-curriculares para aprender lo que se supone tenía que haber aprendido durante las prácticas oficiales, que las pagábamos a precio de oro; pero creo que durante la residencia no debiera ser así, al menos yo no lo creo conveniente. Si bien es cierto que estos pseudo-congresos como el de la UCAM hacen talleres prácticos más o menos útiles, no es ético ni profesional (estoy hablando de profesionales docentes) dejar la formación práctica en manos de intereses privados y del ensayo-error-acierto que suponen estas primeras guardias en la puerta de Urgencias. A la vista de los pacientes que ya he visto, echo de menos un taller sobre sutura, por decir alguno, y así no tendría que andar buscando a un R mayor para que ponga tres puntos de nada. Aclaración 2: conozco la técnica pero no puedo ponerla en práctica, aunque mis co-erres sí que deberían saber hacerlo y deberían hacerlo porque está entre nuestras competencias formativas. Recuerdo que Julio Bonis dijo en una ocasión que a la hora de adquirir una habilidad práctica, las 10 primeras veces son las más difíciles, así que "procura hacer esas 10 primeras veces cuanto antes".

La tercera. Hay mucho desconocimiento entre los residentes (personas jóvenes, cuasi-nativos digitales) sobre la gran fuente de conocimiento que es Internet. No conocen la blogosfera sanitaria ("no es un web, es un concepto: un conjunto de blogs", expliqué). Y esto es preocupante. Si uno no sabe filtrar los recursos disponibles en la red de redes, corre el riesgo de dar por buena cualquier fuente. O peor aún: corre el riesgo de creer la información de "las autoridades" sólo por el hecho de que ésta provenga de "autoridades". Tenemos ejemplos a cascoporro: la vacuna de la gripe A y la vacuna "contra el cáncer de cérvix", los "beneficios" (sic) de la privatización de servicios básicos, la supuestamente inocua superioridad de la rosuvastatina ("eso de la diabetes no está claro, faltan estudios", me han dicho). No, esto no es bueno. Hay que fomentar el espíritu crítico y la autosuficiencia formativa, al menos en su apartado teórico.

Ha sido una semana en la que los blogs han tenido cierta influencia. Se han citado el del maestro Vicente Baos, el de Rafa Bravo, el de los valencianos de Hemos leído, el de Enrique Gavilán, el de Antonio Ruiz, el del Rincón Docente de MFyC, etc etc. ¡Hasta se oyó el nombre del cánido de Pavlov! ¡Ayer y hoy! (Ya lo dijo el de la marmita: "Están locos estos romanos...").

Internet. La blogosfera sanitaria. Dos pilares básicos en nuestra formación, como nativos digitales (o casi) que somos. La Red es inconmensurable, inabarcable física y temporalmente: uno puede leerse todos los artículos de JAMA, Lancet, NEJM (y el blog homónimo) y otras más enfocadas a la atención primaria, y perderá horas, días enteros leyendo por leer. Claro está, también puede acudir a la Red y navegar por la blogosfera, encontrándose con lecturas recomendadas y sintetizadas (valga este ejemplo) por compañeros cuyos blogs están fuera de toda sospecha. Así, existen blogs sobre atención primaria (somos mayoría en la blogosfera sanitaria), de anestesia (algunos incluso muy técnicos, como el chuletario de la Dra Jomeini), sobre otorrino (ahí está Emilienko), etc.

Ha sido mi hora diaria de navegación por la blogosfera sanitaria la que me ha permitido decirle a uno de los docentes que los ARA-II (el telmisartán en concreto), aparte de caros y sin ventajas sobre el uso de IECAs en pacientes que toleran bien el uso de estos últimos, se asocian con un incremento de riesgo de nuevos cánceres. Dato que el docente ha rebatido con un "seguramente son estudios pequeños" pero no eran precisamente pequeñas ni la muestra ni el estudio. Y la revista es "de las güenas". También he conocido a través de la blogosfera que la rosuvastatina parece empeorar el control metabólico/glucémico en (pre)diabéticos, observándose cifras aumentadas de HBA1c%, dato que los visitadores de la industria no te contarán jamás.

Pues eso, que sí, que los libros son "de referencia" pero que, a día de hoy, para estar actualizado hay que participar en la generación y en la difusión del conocimiento científico de calidad y de utilidad, y ahí la blogosfera juega un papel importante. Pero es que en Murcia, además, cosa inaudita, contamos cuno de los recursos más importantes de la Red: el Preevid y su excelente banco de preguntas, y en todos los centros de salud contamos con suscripción al UpToDate.

¡Si es que no tenemos excusa! ¡Tenemos que aprender a formarnos en Red!

----
Edito: Lista de blogs de la blogosfera sanitaria española, recopilados por Aitor Guiarte. Documento 100% editable, así que procura no tocar nada. Puedes introducir tu blog, si quieres.